domingo, 21 de junio de 2009

Fe de rata*

Los domingos me levantan temprano, me obligan a bañarme y a desayunar, la misma escena es repetida por toda mi familia -con la única diferencia de que algunos lo hacen por voluntad propia- durante las cincuenta y dos semanas que dura el año. Yo soy la diferencia, no lo hago por voluntad propia o por voluntad alguna, voy a misa para cumplir el precepto, quizá, más importante que debe cumplir un buen católico a sabiendas de que no acepto el dogma principal y que soy católico por apariencia. La verdad es que ahorita no "Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra".

Desde pequeño crecí con y fui parte de la Iglesia Católica: iba a catequesis antes de la misa dominical, soy cucurucho de la Hermandad del Santo Entierro de Cristo, fui bautizado, hice la primera comunión, me confirmé por voluntad propia. Estudié en un colegio católico que me inculcó el amor a la Virgen y a Dios. Puedo decir que hasta hace un año medio yo era creyente porque sentía la presencia de Dios de alguna u otra manera.

Hay cosas que se me hacen ilógicas, por ejemplo, no podría creer que los elefantes vuelen, que El Salvador es un país desarrollado o que la gente acepte que existe el hombre invisible -¿Cómo saben que es hombre si es invisible? ¿Cómo saben que existe si no se puede ver?-, pero hay cosas, sobre la iglesia, que se me hacen aún más sin sentido. No creo que la Iglesia sea Santa o que lo que diga el Papa no pueda ser refutado, no creo que la Iglesia tenga un método -un inspiratinator 3000- para saber diferenciar la inspiración divina de pensamientos que nacen por querer hacer lo que se cree que es moralmente correcto. No creo. No creo que la fe tenga que ser algo inculcado o aprendido, ¿qué caso tiene la fe si no nace de uno mismo? No creo que Dios necesite de una iglesia y creo que cada persona crea a su Dios a conveniencia -¿Y en el cielo los dioses tendrán problemas para elegir a la persona que van a representar? o sea, así como cada persona crea a su Dios personal es posible que que los dioses sean personas normales en el cielo que nos crean a nosotros con capacidades especiales porque quierase o no la omnipotencia seguramente resulta algo aburrido, y todo esto en algo de broma divina y fantástica-.

Tengo dos razones principales para decir lo que estoy diciendo. Primero, la práctica dice que desde el principio los humanos hemos creado seres, dioses, esencias, que están arriba que nosotros y que explican lo que nosotros no podemos explicar, la teoría ha demostrado que al final todas esas creencias tienen explicación y estuvieron erradas: los seres/dioses/esencias explicaban el fuego, los rayos, el sol, las cosechas, las estrellas, etc., y al final perdieron su título de divinos porque no tenían nada de divino, eran simplemente cosas inexplicables para su tiempo. Segundo, si alguién naciese en una isla desierta sin el conocimiento alguno de Dios y al final se matase por vivir en soledad ¿estaría condenado al infierno sólo porque Dios no le pudo dar una señal de su existencia? Dios con su conocimiento infinito tendría que haber planeado una salida para cada posible pero que los humanos le pusieran a su existencia. Lástima que. como dice un amigo, donde termina mi lógica comienza la lógica de Dios... y la de los teletubbies y todos esos programas de Discovery Kids de los que nadie puede explicar su porqué.

De verdad que haber perdido o estar perdiendo la fe -sí, porque a veces, cuando las cosas me salen bien, uso a Dios como comodín- me hace hablar o decir cosas que no tendría que decir, pero la sinceridad es algo que tiene que apreciarse. Yo simplemente no puedo creer que la presencia de Dios es algo que se deja de sentir así por así y que no regresa ni siquiera un poquito en año y medio aún pidiéndole al mismo Dios querer tener fe. Seguramente también en el cielo hay una crisis, o burocracia extrema en el departamento de "Peticiones de fe", que hace que disminuyan los creyentes.

Y no me perdone si lo ofendí porque estoy hablando de mí y no de usted, yo respeto muchísimo la opinión de las demás personas sobre su religión o sobre Dios, solamente Dios que me perdone si esto en realidad es una blasfemia -porque solo sería blasfemia si Él existe-.

En fin, qué jodido y politicamente incorrecto es no creer.

*Errata sin fe: sí, el título estaba mal a proposito. Ahorita la fe que tengo es comparable a la de algún animal, porque me imagino que los animales no tienen (mucha) fe.

6 comentarios:

Elena dijo...

Ay, no, qué cagada de risa la etiqueta: Rodrigo y sus ya conocimos dilemas existenciales!

S0y la Que No Buscas dijo...

Querido Rodrigo, no es necesario ver para creer sino sentir para creer... Como sabemos que existe el amor o el viento, si no lo podemos ver?? lo sabemos porque lo podemos sentir, no lo estoy criticando y apoyo su postura en cuanto a la iglesia, pues yo no participo de ninguna religion por no estar de acuerdo con muchas cosas pero creo fielmente en Dios aunque no siempre me haga milagros o eso de lo que hablan las diversas religiones, simplemente confie!!

Un abrazo !

Anti-Raúl dijo...

Mirá, y porqué no contáste lo de los superpoderes que comentamos??? Jajaja. Dios te cuide, Rodrigo.
P.s Dios atiende de 10 a 5, vos lo buscás en horas no laborales. Sino, seguílo en twitter, ahí está.

SK Mario dijo...

Pr un momento pense q habias hackeado el blog chapin fe de rata q sigo en mis feeds!

malvadoyin dijo...

La internet es Dios... ahi está todo... o como diría el reverendo Manson: "God is in the TV".

sr3sdv dijo...

Suponiendo que ocurre un accidente de avion, barco u otro medio de transporte que no conocemos aun donde va una mujer embarazada a punto de dar a luz y termina en una isla desierta y muere al momento del nacimiento del hijo, como sobreviviría el hijo para llegar a la edad de razonar y decidir matarse, tal vez por misma obra de algún dios.

Y es la historia no la práctica, la que dice que desde el principio blah, blah… y eso que no estamos completamente seguros por qué no sabes cuál es el principio porque si lo supiéramos no estaríamos en tal problema de cuestionarnos la existencia de un poder mayor.